PABLO MIELGO
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PrensaOCTUBRE 2026

Soltani y Strauss inauguran la Temporada de la OSIB

Soltani y Strauss inauguran la Temporada de la OSIB

Kian Soltani y la OSIB, dirigida por Pablo Mielgo, abren la temporada en el Auditorio de Palma con el Concierto para violonchelo de Elgar y Así habló Zaratustra de Richard Strauss.

El Auditorio de Palma volvió a abrir sus puertas a la Orquesta Sinfónica de las Illes Balears con el renovado patio de butacas, cómodo y elegante, en armonía con su historia. Lo hizo con un protagonista joven, conocido y reconocido: Kian Soltani. Reconocido, como demuestra su currículum, y presente en algunos de los mejores escenarios del mundo. Conocido porque ya nos ha visitado en tres ocasiones: primero en el Trui, con Dvořák; después en el castillo de Bellver, con Schumann; y esta última vez, con el Concierto para violonchelo en mi menor, op. 85, de Edward Elgar.

Una obra de madurez, aunque quizá no haya ninguna obra de Elgar que no lo parezca. De lo que no hay duda es de que, cuando la escribió, su estado de ánimo era de una aflicción y un desconsuelo infinitos. Tal vez por esa circunstancia, la elección del violonchelo no podía ser más acertada. Aun así, la composición, con la que el autor se despidió de la música sinfónica, tuvo que esperar para encontrar el lugar que ocupa hoy: entre las piezas más canónicas del instrumento.

Kian Soltani lo puso de manifiesto con el recitativo con que se inicia la composición: tenue, ligero, sutil. En el segundo movimiento continúa con una serie de repeticiones entre el solista y la orquesta, como un exquisito combate, como dos maneras de expresar lo mismo. En el Adagio, tercer movimiento de los cuatro que conforman la pieza, el protagonismo recae en el solista, que propició una inmensa exhibición de talento y delicadeza por parte de Soltani, quien la rubricó con la sección inicial. También el cuarto movimiento, Finale, requiere la magnificencia del protagonista para intentar remontar el desconsuelo, que finalmente regresa al lugar donde ha respirado a lo largo del lamento musical.

Soltani y la Sinfónica, dirigida por Pablo Mielgo, se complementaron a la perfección en una partitura que exige una conjunción absoluta, y que ambos alcanzaron. Hubo el bis de rigor y, de nuevo, una pequeña composición que reivindica sus orígenes persas.

Desconozco qué relación puede haber entre el concierto de Elgar y el poliédrico poema sinfónico Así habló Zaratustra, de Richard Strauss, pero, en cualquier caso, ambas obras son siempre bienvenidas. La introducción, estratosférica, quizá por eso se convirtió en emblemática cuando Stanley Kubrick la utilizó hace casi sesenta años en su monumental y laberíntica 2001: una odisea del espacio. Tampoco era sencillo su origen: la filípica de un Nietzsche poderoso.

El caso es que ambas obras han seguido caminos distintos, incluso divergentes. Una sucesión de fugas, contrapuntos y modulaciones establece un inmenso corolario, lleno de contrastes, donde encontramos desde un vals hasta un delicado solo de violonchelo, o una demostración de la importancia que pueden llegar a tener los timbales. En conjunto, un catedralicio mosaico, con una introducción y ocho epígrafes distintos, sin altibajos. Una muy buena primera entrega.